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A 100 años del natalicio de Jesús Menéndez

Si la mano asesina de Joaquín Casillas Lumpuy no hubiera ejecutado la orden de matarlo,  Jesús Menéndez, El General de las Cañas, podría cumplir este 14 de diciembre 100 años; había nacido hace hoy una centuria en la finca La Palma, en Encrucijada en la entonces provincia de Las Villas.

Negro e hijo de mambises, Jesús creció en una  familia numerosa y pobre, que supo inculcar a su descendencia la vocación por hacer el bien y el amor a la patria.

Muerto su padre tuvo comenzó a trabajar siendo un adolescente; se inició como cortador de caña en las colonias de Yaba y Mercedita, en el antiguo central  Nazábal; y luego, como purgador de azúcar en el Constancia, y en el «tiempo muerto» de los azucareros pasaba sus días escogiendo tabaco, pero también fue limpia botas, vendedor de pollos o de las viandas que cosechaba junto a su abuelo..

Vivir  en carne propia la explotación lo hizo desde joven un líder sindical en la lucha por las reivindicaciones obreras, y también desde edades tempranas manifestó su filiación a ideas comunistas, por lo que en más de una ocasión guardó prisión  y sufrió numerosas torturas, que lejos de amedrentarlo fortalecieron en él la voluntad de luchar.

El logro más importante de todo su accionar a favor de las mejoras para los trabajadores de la industria y el campo fue la conquista del pago del diferencial azucarero, consistía en un salario extra a recibir por los obreros, una vez terminada la zafra, por sus aportes productivos a esta industria, lo que sin dudas una de las conquistas más importantes de la clase obrera cubana antes del triunfo revolucionario de 1959.

Su asesinato el 22 de enero de 1940 por disparos de bala de Joaquín Casillas Lumpuy, “el capitán de la muerte”, como lo nombró el poeta nacional Nicolás Guillén, privó al movimiento obrero cubano y de manera especial a los trabajadores del sector azucarero de un dirigente honesto e incorruptible, capaz de enfrentar al enemigo  en cualquier circunstancia.

Al General de las cañas cantó nuestro Nicolás Guillén en esta ….

“Elegía  a Jesús Menéndez”

¡Qué dedos tiene, cuántas
uñas saliéndole del sueño! Brilla
duro fulgor sobre la hundida zona
del aire en que quisieron destruirle
la piel, la luz, los huesos, la garganta.
¡Cómo le vemos, cómo habrá de vérsele
pasar aullando en medio de las cañas,
o bien quedar suspenso remolino
o bien bajar, subir,
o bien de mano en mano
rodar como una constante moneda,
o bien arder al filo de la calle
en demorada llamarada,
o bien tirar al río de los hombres,
al mar, a los estanques de los hombres
canciones como piedras
que van haciendo círculos de música
vengadora, de música
puesta, llevada en hombros como un himno!

Su voz aquí nos acompaña y ciñe.
Estrujamos su voz
como una flor de insomnio
y suelta un zumo amargo,
suelta un olor mojado,
un agua de palabras puntiagudas
que encuentran en el viento
el camino del grito,
que encuentran en el grito
el camino del canto,
que encuentran en el canto
el camino del fuego,
que encuentran en el fuego
el camino del alba,
que encuentran en el alba un gallo rojo
de pólvora, un metálico
gallo desparramando el día con sus alas.

Venid, venid y en la alta
torre estaréis, campana y campanero;
estaremos, venid,
metal y hueso juntos que saludan
el fino, el esperado amanecer
de las raíces; el tremendo hallazgo
de una súbita estrella;
metal y huesos juntos que saludan
la paloma de vuelo popular
y el verde ramo en el aire sin dueño;
el carro ya de espigas
lleno recién cortadas;
la presencia esencial
del acero y de la rosa:
metal y huesos juntos que saludan
la procesión final, el ancho séquito
de la victoria.

Entonces llegará,
General de las Cañas, con su sable
hecho de un gran relámpago bruñido;
entonces llegará,
jinete en un caballo de agua y humo,
lenta sonrisa en el saludo lento,
entonces llegará para decir,
Jesús, para decir:
—He vuelto, no temáis.
Para decir:
—Mirad, he aquí el azúcar ya sin lágrimas.
Para decir:
—Fue largo el viaje y áspero el camino.
Creció un árbol con sangre de mi herida.
Canta desde él un pájaro a la vida.
La mañana se anuncia con un trino.

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