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Del mercado y otros demonios (+ Fotos)

IMG_0068 (Small)El precio de los productos que llevamos la mesa familiar se ha convertido en un fantasma que deambula por mercados, puntos de venta y carretillas empeñado en quitarle el sueño a más de una persona; y el referido espectro logra sus propósito a fuerza de subir un poquito más cada día el importe de viandas y hortalizas, amparado en leyes económicas como la de la oferta y la demanda.

Códigos que bien pueden funcionar en los mercados capitalistas, pero en el contexto  cubano sólo contribuyen a perjudicar el bolsillo del trabajador; y lo que es peor, permiten que obtenga mayores beneficios quien vende y revende, y no quienes se doblen sobre el surco para extraer de la tierra los productos alimenticios que necesitamos todos…

Quienes buscan adquirir una fruta bomba, una piña, malanga, col o un poco de tomates, saben que para lograr ese objetivo deben armarse de una  bien abultada billetera, porque en correspondencia con los precios que le ponen los vendedores, bien podríamos pensar que estamos comprando productos importados de lejanos países.

Lo mismo sucede con el ají cachucha, el ajo, la cebolla, la calabaza, la yuca  o la guayaba, productos que podemos cultivar en patios o jardines, y que en los mercados o puntos de la Agricultura Urbana se ofrecen a precios tan astronómicos como si fueran cosechados en el planeta Marte.

Y lo triste del caso es que quienes los venden, nada tuvieron que ver con la preparación de la tierra, la siembra, las atenciones culturales a las plantaciones o la recolección de la cosecha;  quienes venden a precios tan exorbitantes ni riegan los sembrados, ni sudan la camisa en el campo y lo único que buscan es engordar su bolsillo a costa de la población..

Por eso producir alimentos es un imperativo de estos tiempos, no sólo en la búsqueda de la bien denominada soberanía alimentaria, sino también para lograr un descenso considerable en los precios de los productos del agro que se comercializan en los mercados o los puntos de venta.

Y la demanda no es sólo para el sector estatal de la agricultura; producir alimentos es tarea que compete también a los beneficiados por la entrega de tierras en usufructo y es un empeño al que podemos y debemos sumarnos los residentes en la ciudad o en las comunidades rurales…

Porque si producimos en nuestras parcelas, patios o jardines  las malangas, los plátanos, el tomate, las calabazas o la guayaba, no sólo tendremos a nuestra disposición esos productos imprescindibles para la mesa familiar; tendremos también un sueño más tranquilo, porque el fantasma que deambula por merados, puntos de venta  o carretillas, no vendrá con frecuencia  a quitarnos el sueño.

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