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Elecciones Parciales: tradición democrática de la Revolución Cubana

Este domingo 26 de noviembre la gran mayoría de los cubanos mayores de 16 años concurren a las urnas, y en un ejercicio de auténtica democracia socialista, depositan su voto para elegir a los delegados de las asambleas municipales del Pode Popular, órgano que gobernará en casa una de las localidades del país, por dos años y medio.

La realización de estos comicios parciales está regulada en la ley electoral, cuerpo normativo que es heredero de la tradición democrática de nuestra revolución, planteada por Carlos Manuel de Céspedes en el manifiesto del 10 de octubre, documento en el que además de explicar las razones que obligaban a los cubanos a luchar contra el dominio colonial español, afirmaba que: “admiramos el sufragio universal que asegura la soberanía del pueblo”.

Hablar de la tradición democrática de la Revolución cubana nos remite al legado del ideario de José Martí, quien en fecha tan lejana como el 26 de Noviembre de 1891, hace ya 126 años, convocó a los cubanos de la emigración a luchar para hacer en Cuba una República con todos y para el Bien de Todos.

Ese día el apóstol de la independencia cubana pronunció un importante discurso en el Liceo Cubano de Tampa, e inició su intervención afirmando: “Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal para levantarnos sobre ella”.

Esa célebre pieza oratoria está repleta de frases que demuestran el patriotismo y el espíritu democrático de José Martí, quien convocó a todos sus compatriotas a poner “alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: Con todos, y para el bien de todos

En su discurso del 26 de noviembre de 1891 Martí afirmó: “yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Según lo concebía José Martí, con todos los integrantes de la nación debía alcanzarse la patria independiente, porque “el bien de todos constituye un objetivo programático”; y no se refería sólo al bienestar material, sino además a las condiciones favorables para la plena realización espiritual del individuo y la colectividad.

Y desde su perspectiva, la revolución propiciaría que cada ciudadano alcanzara una vida digna, “no mediante un ilusorio igualitarismo económico nivelador, sino por el trabajo creador y el esfuerzo de cada cual”.

Habría de lograrse, al mismo tiempo, “que el bien sea de todos, no de un grupo de favorecidos que justificaría su encumbramiento por supuestos servicios a la sociedad, y en realidad verdaderos portaestandartes del más feroz individualismo, ejercido a nombre del colectivismo”.

Lo trascendental del discurso martiano radica en el llamado a la construcción de una república donde intervengan, “todos esos sectores solapados y que paradójicamente eran los que con mayor fuerza se habían adherido al movimiento revolucionario” y decía José Martí que ha de alcanzarse, la genuina solidaridad, mediante la potenciación de los valores humanos.

Y señalaba además en su discurso que: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”.

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