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En el pueblo hay muchos Camilos

Este seis de Febrero Camilo Cienfuegos Gorriarán hubiera cumplido 86 años, y sería quizás el abuelo cariñoso de muchos niñas y niños… Pero Camilo murió en plena juventud, cuando mayores eran su fuerza y vitalidad, cuando más deseos tenía de vivir para contribuir a realizar las transformaciones que traía a Cuba la naciente Revolución.

Nació como muchos sabemos el SEIS de febrero de 1932 en la barriada de Lawton, en la capital cubana, y su infancia fue la de los niños pobres nacidos en el hogar de emigrantes españoles, y se cuenta que desde pequeño se destacó por defender a los niños pequeños que eran víctimas de las travesuras de los más grandes de las escuelas públicas donde estudió.

Camilo fue también un apasionado deportista; se inició en el beisbol y era tan malo, que nadie lo quería en su equipo, pero se esforzó tanto por aprender, que llegó a participar en los campeonatos intercolegiales; y también integró el equipo campeón de Voleibol entre escuelas secundarias.

Amante de la pintura estuvo matriculado en San Alejandro, la Academia Nacional de Bellas Artes, centro al que pudo asistir sólo un semestre por problemas económicos; pues su oficio como sastre no le permitía pagar los honorarios.

Cubano de pura cepa, Camilo era jovial y de sonrisa franca, lo que le permitía hacer amigos con facilidad; pero Camilo era también rebelde desde joven, y eso lo impulsó a participar en las protestas populares contra los desmanes de los gobiernos de turno, al extremo que tuvo que abandonar el país, para eludir la represión policial.

En busca de mejoras económicas emigró a los Estados Unidos, donde fue detenido y deportado, y de vuelta en Cuba, sumó toda su fuerza y su pasión a la lucha revolucionaria, hasta que preso, torturado y fichado por el régimen dictatorial, tuvo que retornar al exilio, donde se une a las fuerzas que se preparaban para luchar contra el gobierno de Fulgencio Batista..

En ese empeño Camilo se unió a los en México al grupo de jóvenes que se preparaban para reiniciar la lucha armada; vino a Cuba a bordo del Yate Granma, combatió en la Sierra Maestra y con el grado de Comandante del Ejército Rebelde bajó al llano al frente de una de las columna que reeditó la invasión a occidente.

Quienes conocieron a Camilo lo evocan como el hombre de pueblo, sonriente, campechano y jaranero, audaz e incluso temerario en los combates; y dentro de sus valores más destacados mencionan su amor infinito a la Patria, su fe infinita en la victoria, su fidelidad sin límites a la causa revolucionaria y a Fidel, su paradigma indiscutible.

Esos valores lo hicieron grande y garantizaron para él un lugar sagrado en el corazón del pueblo, ahí donde se multiplica cada día porque como aseguró en Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz… En el pueblo hay muchos Camilos.

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